Don Julio a cinco años con y sin usted

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Por Javier MEJÍA

Durante mis tiempos de estudiante universitario tuve la oportunidad de estar en el 13 aniversario de la revista proceso celebrado en sus instalaciones de la calle de Fresas 13, colonia Del Valle, donde conocí a Don Julio Scherer García.

Era el año de 1983 y formé parte de un grupo de alumnos de la materia de Sociología de la Comunicación, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM),  que la impartía Don Froylán M López Narváez, articulista y miembro del Consejo Editorial del semanario, quien contribuyó para sentir curiosidad por la vida y el orgullo por la profesión: el periodismo.

Los estudiantes llegamos puntuales a la cita, adentro había un ambiente festivo y de camaradería, en medio de charlas entre pequeñas comunidades de trabajadores. Bocadillos y tragos no faltaban, y conforme pasaban las horas el murmullo se acentuaba y todos estábamos a la espera de que Don Julio llegara. En eso se escuchó un «ya viene»  y los decibeles poco a poco bajaban su intensidad.

Cuando lo miré pude confirmar que efectivamente poseía la atracción de un imán. Llegó acompañado-rodeado de Don Vicente Leñero, de Don Rogelio Naranjo y de Don Enrique Maza. Recuerdo que vestía una gabardina color chedron –que lo hacía parecer al detective Columbo, célebre en esos tiempos por su serie de televisión–, y que al llegar a nosotros, tras estrechar nuestras manos, expresó en voz baja: «ustedes son alumnos de don Froylán, qué bueno que vinieron», y siguió su camino hasta finalmente instalarse en su oficina.

Una gran experiencia que hoy, a cinco años de su muerte (7 de enero de 2015), me permito recordar y reseñar parte de lo que es el legado periodístico y la aportación al país en la defensa de los principios de Libertad y dignidad, convicción y compromiso social, orgullo y pasión, búsqueda de la verdad y crítica pública, as como de la práctica periodística que Don Julio marcó y compartió en la redacción primero en Excélsior y luego en la revista cuyo primer número fue publicado el 6 de noviembre de 1976.

En el año de 1947 Scherer García ingresó a Excélsior como aprendiz de reportero a sus 21 años de edad. En 1968 es nombrado director del rotativo y,  en 1976,  como director de proceso, tras el golpe del régimen echeverrista. Su tarea consistió en abonar el trabajo de otros, en cultivarlo y en ofrecer su cosecha a los lectores-cibernautas. Además, y sin proponérselo, “convirtió las publicaciones en instrumentos para que la sociedad se conociera así misma y promoviera su propia transformación”.

En 1996, y por voluntad propia, dejó la dirección de la revista, pero no se jubiló del periodismo, no podía hacerlo porque está en su naturaleza, combinando el reportaje con el ensayo, editado como libro. Esta es su tercera etapa, en la que resume su talante con el que desde sus principios se identificó con el periodismo: es un indagador penetrante que asedia los hechos y a las personas, cavila sobre unos y otros y escribe, al mismo tiempo con la prisa de un diarista y con la hondura del creador literario.

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Se perfiló como reportero de la fuente política, sin señalar que en ese ambiente profesional predominaba la rutina y la venalidad. Estaba llamado a encabezar grupos a animar iniciativas, de manera que Don Julio no sólo estimuló y practicó las libertades de información y de expresión, el derecho a averiguar qué pasa, a examinar y a calificar, sino que creó nuevas publicaciones y nuevos modos de hacer periodismo.

Dio un espacio cotidiano a la información sobre cultura. Tiró lastres: notas de sociales, información banal y ofensiva como fiestas de ricos, así como notas rojas que escondían la estimulación al morbo.

Independencia frente al Poder

Cuando los políticos sienten lastimados sus intereses se vuelven más peligrosos, decía Don Julio, quien tuvo que contemporizar con ellos, aprender, según la fórmula de Jesús Reyes Heroles, a lavarse las manos con agua sucia.
Cuando Luis Echeverría asentó el “golpe de garra” a la cooperativa, acompañado de boicot anunciantes comercial, volvió y reinició el camino con la revista y la agencia de noticias apro, en 1976.

No reuso continuar su ejercicio como reportero mediante entrevistas y reportajes de gran alcance publicados en libros. El primero La piel y la entraña ( pláticas con Siqueiros preso en Lecumberri ). Los Presidentes su obra más difundida, en 10 años, 17 ediciones de Grijalbo, en  las que el periodista narra momentos significativos de su relación con los presidentes desde Diaz Ordaz hasta Carlos Salinas, con sus obras El poder; historias de familia, “Estos Años”, Salinas y su imperio.

En el reciente numero de la revista (2253), sus hijas Ana y María Scherer Ibarra, entre otras colaboraciones, nos regalan vivencias, testimonios epistolares y relatos inéditos que nos ayudan a recordar a quien hasta sus últimos momentos mantuvo viva la llama del oficio del Periodismo.

!Salud!, Don Julio

Hasta donde quiera que se encuentre

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