Panchito…nunca te olvidaremos

Por Javier MEJÍA

Viviste con gran plenitud y siempre entregando lo mejor de ti por lo que estoy seguro que afrontaste a la muerte sin ningún temor, aunque a nosotros nos hayas dejado con un terrible dolor. Cumpliste con creces tu paso por esta vida, y te fuiste tranquilo al Cielo, donde Dios te abrió sus brazos. Para nosotros no moriste por completo, porque tú alma y tus recuerdos siguen aquí entre quienes siempre te vamos a querer. Desde que pediste estar en tú casa y mandar al carajo al hospital y a sus doctores nos enviste el mensaje. Tu salud estaba disminuida, eras como una flor que se marchitaba poco a poco, pero querías recibir a la muerte estando con tú familia, en tú casa. Desde que pedías complacerte en tus antojos pasando por alto las restricciones médicas, nos decías que tus deseos era estar tranquilo y descansar. Bebiste a sorbos el tepache, el tequila y el licuado de frutas. Sentías frío  y nos pedías que frotaramos  tus manos y tus pies. Ya casi no podías hablar, tus ojos ya no los podías abrir, respirabas agitadamente, tú fuerza daba como para apretar mi mano, y sé que escuchabas cuando te pedía perdón por todos mis errores y sé que me perdonaste. Tu vida fue una lucha constante más por la gente que te rodeaba que para tu beneficio propio que lo dejabas a un segundo plano. Hace dos años conociste el misterio de la muerte, aunque para nosotros lograste la inmortalidad  de tú alma porque siempre fuiste un hombre íntegro y cabal. Tú último mensaje fue que lograste abrir los ojos y desde tu cama nos miraste a todos como una forma de despedirte y fue cuando tú corazón dejó de latir…Sé que estás en un buen lugar con todas esas almas buenas que se nos han adelantado para irse al Cielo con Dios nuestro señor.

 

 

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