“Vamos a ver si Samuel me quita”: Virginia Noriega

“Vamos a ver si Samuel me quita, vamos a  ver si es un caballero”, expresó la regidora del PRI, Virginia Noriega mientras se aferraba de la silla  y giraba órdenes para llamar al cerrajero para cambiar de chapa, hecho que marcó un segundo desencuentro entre los tricolores.

Primero, Noriega no estuvo de acuerdo en que Samuelon fuera designado como coordinador de la fracción de tres ediles mexicalenses, asumiendo una actitud de menosprecio, al grado de no haber acudido a las dos primeras sesiones del Cabildo, pero cuando supo que las oficinas habían sido rifadas, pues no le pareció la que le tocó, a pesar de autorizar a sus representantes del Sindicato de Trabajadores de Salud  participar en  la rifa.

Desde su arribo a las oficinas de regidores, Noriega alertó a sus colaboradores que dejaron celulares y computadoras para atender sus órdenes con el estilo de disciplina casi militar que los hizo levantar como resorte.

La oficina que hasta hace poco ocupaba el ex regidor panista Abraham Medina, pues a la regidora priísta no le agradó y enseguida ordenó a César López llevarle sus monitos o figuras hacia la  oficina que, vía sorteo, le había tocado a Samuel Ramos Flores, justamente donde estuvo el ex edil del PRD, César Valerio.

Y  con su áspero estilo, Noriega se preguntaba que cómo había sido posible que hubieran aceptado esos espacios y no otros más amplios y con entrada de luz natural, cuando no se había parado en el edificio sede del Cabildo, pero queriendo desde un principio tratar de impresionar a los empleados y desdeñando la experiencia, liderazgo y trayectoria de los equipos de trabajo.

No sólo se interpuso en la asignación de las oficinas, sino también de la integración de los equipos de los tres ediles para tratar de hacer un frente, ante la mayoría de los ediles panistas y de sus aliados.

“Llegó como si fueran enemigos, a destruir todo, a pesar de haber llegado a la regiduría como una colada”, expusieron en los pasillos de las oficinas de Regidores.

Ante esa situación, Samuel Ramos optó por no pelearse ni discutir con “la señora”, de manera que le dejó su oficina, mientras que una horas después enviaba un oficio al presidente municipal en el que solicitaba una licencia por 30 días seguramente para analizar fríamente su proceder.

Fue tanta su arrogancia que Noriega aseguraba que de haber estado ella presente no hubiera ocurrido esto y las cosas no se hubieran salido de control, pero sencillamente la ex diputada no estuvo en esos momentos.

El mensaje está claro: imponer sus decisiones personales sin importarle lo que pudieran decir o hacer sus dos compañeros de fracción de regidores del PRI.

Los primero altercados ya se dieron y no se descarta que hayan sido las causas por las que prácticamente obligaron al ex presidente municipal de Mexicali a pedir licencia a unas horas de asumir el cargo, y quien por cierto fue convocado a la ciudad de México para reunirse con dirigentes del CEN priista en torno a la misiva firmada por decenas de priistas que demandaron la renuncia del Chirs López a la presidencia del CDE del tricolor, lo  que podría ser también otro de los factores de este desenlace.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.