Cortocircuito: Los apellidos del voto

Por Javier MEJÍA

En estos tiempos electorales los estrategas de los partidos coaligados buscan afanosamente que sus respectivos candidatos entren al ánimo de los ciudadanos de manera que influyan en la conducta electoral a la hora de emitir su voto el domingo 1 de julio, mostrándolos no sólo con dosis de buena fe, sino sobretodo con las ganas y la fuerza para salir adelante en la batalla.

Una batalla político electoral que se da palmo a palmo, en las calles y domicilios vecinales, con mensajes y propaganda en los diversos espacios públicos, en los medios de comunicación y las redes sociales, en los debates entre candidatos y candidatas, en conocer sus perfiles y cómo han construido su pensamiento ideológico y su patrimonio.

Las campañas electorales son de contacto físico directo, pero también en el campo de lo virtual, sobre todo entre un sector de los jóvenes que históricamente no han sido los más participativos a la hora de las votaciones, y dónde habría un mayor número de indecisos.

Además del voto indeciso, he escuchado una lista de “apellidos” que le endosan a la acción de votar, es decir al emitir el sufragio en la casilla electoral como lo es llamado voto útil es decir aquel que –escribe el politólogo José Antonio Crespo– no se da al candidato del partido propio del votante, sino a otro candidato.

El llamado voto duro cuyo elector estaría ya decidido por algún candidato o partido político, el voto antigobiernista de quienes por consigna actúa en esa dirección, pero también se refiere al voto razonado es decir como un acto racional o también como una ezpresión de lealtad simbólica, así como el últimamente llamado voto nulo que a final de cuentas significa arruinar el sufragio creyendo el ciudadano que se trata de una farsa electoral y decide formar parte de los apáticos y ezcépticos.

Y usted de qué categoría de votantes se ubica?

 

Posdata periodiquera; Siempre es atractivo un estilo provocador, que incomode al Poder a la hora de hacer periodismo pero cuando se les pasa la lengua o se pasan de tueste, a veces hay consecuencias. Otras tantas no. El problema viene cuando los medios se convierten en actores polítcos o pretenden erigirse como fiscales o jueces o peor aún en sicarios, pero también cuando la política mete sus narices en las redacciones con intereses que nada tienen que ver con el periodismo.

 

 

 

 

 

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